UN BELLÍSIMO PROCESO

Cada modelada, cada vez que toco el barro, trato de plasmar un sentimiento, una actitud y un carácter.

El proceso inicia desde que selecciono las arcillas más adecuadas para lograr una mezcla que cumpla con mis deseos finales.

La arcilla siendo un elemento tierra se combina con el agua para poder manejar y transformar mi instrumento de expresión, por lo que siento y veo.

Continúo con la búsqueda de una integración con el clima para lograr un secado lento. Esto me compenetra más con la naturaleza, pues me invita a convivir íntimamente con el sol, el viento y la humedad.

Para terminar con este proceso y dar el toque final viene el fuego, tercer elemento de la naturaleza que se integra y que su presencia resuelve la presentación final de la obra. Este proceso se realiza en hornos especializados en cerámica en donde las piezas están bajo una temperatura de 1000o C. La decoración es en base a esmaltes elaborados con arcillas, tierras y óxidos, siempre aplicados a mano con la ayuda de un pincel. De nuevo se hornean, pero ahora a una temperatura de 1270o C, para obtener el resultado final.

El convivir con los elementos naturales dentro del proceso para lograr expresar mi sentir, es algo que me enriquece en gran manera y me transporta más cerca del conocimiento de Dios y su naturaleza.

El usar la cerámica como medio principal de
experimentación es algo maravillosos pues es un
medio inagotable de experimentación.